Como sucede normalmente en Chile, el paso de los días tiende a minimizar la gravedad de los problemas y finalmente se termina olvidando o al menos, aminorando la molestia en la opinión pública y la ciudadanía.
El Estadio Nacional es una instalación muy representativa no sólo de la ciudad de Santiago, sino que también del resto del país; en él se han producido hitos de la más diversa índole, desde la obtención de un 3er. lugar en una copa mundial de fútbol, hasta la celebración de la Teletón, pasando por el drama ocurrido el año 1973 en relación a la violación de DD.HH y la venida del Papa Juan Pablo II y tantas otras tantas.
Dicho lo anterior, se sabía que el recinto deportivo debía sufrir una modernización, que considerara tanto su adecuación a las normas modernas deportivas como a su integración con el entorno del recinto, en este caso la comuna de Ñuñoa directamente.
En Noviembre de 2008, la fundación Futuro (Sebastián Piñera) entregó de manera gratuita un proyecto denominado “NUEVO ESTADIO NACIONAL”, siendo el Arquitecto Gonzalo Mardones Viviani el jefe del proyecto.
En el siguiente enlace (link), se puede escuchar al Arquitecto Mardones, describiendo el proceso cronológico seguido por el proyecto ESTADIO NACIONAL BICENTENARIO:
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En este enlace (link), pueden encontrar el proyecto “ESTADIO NACIONAL BICENTENARIO”:
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Tal como lo describe el arquitecto Mardones, el proyecto fue entregado a la entonces presidenta Michelle Bachelet, quien se mostró agradecida por el trabajo, ya que era evidente que esa obra iba a ser visualizada por la ciudadanía como tarea ejecutada por su administración y su proyección en el tiempo permitiría recordarla como la mandataria que realizó el gran cambio al recinto deportivo más grande del país. Tanto en la preparación del proyecto, como en su presentación al gobierno tuvo participación Harold Mayne-Nicholls y la ANFP.
Aparentemente todos, además de los autores del proyecto, se mostraron ampliamente interesados, ya que por un aparte permitía efectuar una modernización importante, no sólo al estadio propiamente tal, sino que también a las 64 hectáreas que conforman el recinto completo, repotenciado sus otras instalaciones deportivas, construyendo un número importante de estacionamientos subterráneos, y en general se buscaba producir un cambio tanto en el interior como en el exterior de lugar.
Lamentablemente todo cambió y entre gallos y medianoche el proyecto mutó a una obra que se buscó ejecutarla en el mínimo tiempo posible, con la clara intención de que la entonces presidenta Bachelet, finalizara su administración con la inauguración del estadio completamente remodelado, en una suerte de gran final de película.
Claro que en ese cambio, que contó con la aprobación de Mayne-Nicholls y la ANFP, implicó recortar procedimientos, trabajar sin un proyecto unificado, sin un jefe de proyecto y en general obviar todas los pasos que se deben seguir cada vez que se hace una obra de la envergadura que exige el estadio nacional.
Como era previsible y tanta gente advirtió en su minuto, la remodelación terminó convirtiendo al estadio en un recinto de baja capacidad, con chambonadas tan grandes como la adquisición de butacas de evidente fragilidad, no adaptadas a los codos del estadio, etc, etc.
En este enlace (link), pueden encontrar la información de la evaluación que hace Carabineros respecto a las condiciones de seguridad del estadio:
Más grave aún, para los miles de residentes en los sectores adyacentes al estadio, es que finalmente no se ejecutó ni una sola obra de mitigación hacia la comunidad; en el reinicio de los partidos, se pudo apreciar el mismo espectáculo de siempre, con centenares de seudo cuidadores de autos adueñándose de las calles y jardines aledaños, con decenas de muchachones macheteando (pidiendo) dinero a vecinos y transeúntes para poder entrar a los partidos, con suciedad, etc, etc.
A lo anterior, podemos sumar el hecho que la famosa ley de violencia en los estadios terminó siendo letra muerta, ya que para poder aplicarla, prácticamente se hacía imposible reunir la cantidad de pruebas que la bendita norma exigía y finalmente los violentistas volvían una y otra vez a cometer los mismos desmanes, tanto al interior como afuera del estadio.
En resumen, se gastaron millones de dólares (con cargo a todos los Chilenos), sólo con la intención de alabar a la anterior mandataria como una verdadera emperadora Romana, y se dejó completamente de lado la preocupación tanto por el deporte Chileno como por la comunidad que ve frustrada su intención de convivir con un recinto moderno, inclusivo y seguro.
Lo penoso de todo, es que hasta la fecha nadie aparece como responsable de tal necedad, y tal como está sucediendo con otras situaciones similares, la totalidad de los autores intelectuales de esta brutalidad quedarán impunes, y será tanto el deporte Chileno, como los habitantes de la comuna de Ñuñoa, los que tendremos que acostumbrarnos a que el progreso nos pasó de lado y la mediocridad una vez más se ha impuesto por sobre la excelencia.
Los habitantes de Ñuñoa, tendremos que seguir tolerando la verdadera invasión de maleantes en cada partido y espectáculo, tendremos que seguir gastando nuestro dinero en pintar las fachadas de las casas y edificios cada vez que a los descerebrados se les ocurre pintar los odiados grafitis, tendremos que seguir financiando con nuestros fondos la limpieza de los muchos escombros que quedan en las calles cercanas al estadio, tendremos que seguir tolerando que las paredes se transformen en urinarios públicos, etc., etc.
En nuestras manos está el hacernos oír y exigir cambios y al mismo tiempo demandar las explicaciones de los responsables del proyecto que finalmente se ejecutó, y no me refiero al portero del edificio o la secretaria que escribió los documentos, debemos conocer los nombres de quienes fueron los que dieron las ordenes y cambiaron lo que debería haber sido el proyecto deportivo más grande de los últimos años.







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